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Panic in Barrio Sésamo
Capítulo 2
Apareció el forense,
que venía del laboratorio,
-
Muchachos, tengo malas noticias, dijo, esta coca tiene mas conservantes que los
yogures Pascual. Es droga adulterada.
Los dos
agentes se miraron y repusieron al unísono mientras sonreían... ¡¡se trata de un
asesinato!!
- Esto me
gusta, seguro que en algún lugar hay un malo, dijo Jack.
- Y seguro
que ya está temblando, empieza a engrasar el bate de béisbol, Jack, dijo Harris.
Tomaron la
bolsita de droga, Jack se la puso en el bolsillo.
Se
despidieron a toda prisa del forense, que les deseó una 'feliz caza' y se
dirigieron a la comisaría.
Pocos
incidentes en el camino de vuelta, pese a que se hizo a toda velocidad Balmes
abajo, bueno, a decir verdad habrían sido pocos incidentes a no ser por el pique
con un camionero de un trailer de 10 ejes. El camión acabó empotrado contra una
conocida tienda de ropa.
Entraron en la
comisaría, (no sin haber pasado antes por el bar). Nadie les esperaba (como
siempre). Se sentaron en sus puestos.
- Ken,
tráenos unos cafés, dijo Harris.
- siiiiii
se oyó desde la otra punta de la comisaría.
El
comisario se acercó.
- Bueno,
¿que teneis muchachos?
- Un
yonquicidio en primer grado, dijo Jack.
- La droga
estaba mas petada que el café de la máquina, dijo Harris.
- Tenemos
razones para creer que alguien asesinó al tipo ese, dijo Jack.
- ¿y que
os lo hace pensar? preguntó el comisario, extrañado por la perspicacia de los
agentes.
- ¡Por
esto! dijo Harris enseñando la revista porno al comisario.
- Oh
cielos!, vaya tetas más grandes tiene esta rubia.
- El tio
que se la esta follando era el yonko, dijo Jack.
- Joder es
cierto, a ese tipo tendrían que matarlo por follarse a una tia así de
impresionante, replicó el comisario que no dejaba de mirar las tetas de la
rubia.
- El
cadáver tenía pocas señales de pinchazos, dijo Jack.
- lo que
implica que era un yonki de nueva generación, dijo Harris
- y las
muertes por sobredosis no suelen darse hasta que el yonko tiene muchos
kilómetros, resolvieron los dos al unísono, triunfantes.
- ¿Chicos,
os habeis tomado algo esta mañana? preguntó el comisario, cuya babilla ya
manchaba la revista y un bulto sospechoso asomaba por el pantalón.
- Lo hemos
deducido nosotros solitos, dijo Harris.
- Bueno,
nosotros y el señor Jack Daniels, repuso Jack mencionando la paradita de rigor
en el bar de la esquina antes de entrar a la comisaría.
- Bueno,
bueno, dijo el comisario abrumado por tanta inteligencia, ¿y ya teneis posibles
sospechosos?
- Bueno,
veamos.... Jack y Harris se miraron....
- Claro,
comisario, usted comprenderá que esto requiere una investigación de campoooo...
-
Resumiendo, los camellos habituales de la Plaza Real, ¿no? dijo el comisario.
- ¡Hakim
el camello moro!. Los dos agentes sonrieron al unísono. Aquel camello les debía
unas cuantas y esa era su oportunidad.
- Bueno,
vayan haciendo, yo retendré la revista porno esta en mi despacho como prueba del
caso, ya pueden irse, dijo el comisario mientras se alejaba en dirección a su
despacho.
Los dos
agentes se bebieron el café que les acababa de traer Ken, se pusieron sus
grasientas gabardinas y salieron a la calle. De fondo se oyó la voz del
comisario hablando con su secretaria: '¡Que nadie me moleste en la próxima
hora!'.
La llave en el
contacto y Jack acariciándola. La siguiente imagen es un estruendo y un golf
rojo a toda velocidad ramblas abajo.
Hakim
acababa de volver de la mezquita del barrio, tras su oración diaria. Su primo
Abdallah le había dicho que se había encontado el cadáver de un
chico en
la Plaza Real. Sabía que habría un montón de policías haciendo preguntas, pero
no le importó, su trabajo era dar el pan a su familia a costa
de unos
gramos de felicidad a otros, así que se dirigió a la Plaza Real, a vender su
mercancía ahora que los yonkos de la universidad salían.
<traducción
literal del dialecto tardo-marroquí-killo>
- Paisa
brother, le dijo a su primo, esto de la venta va por horas.... ahora los pijos
de la universidad Pompeu Fabra te vienen y te piden costo, los más
atrevidos
hasta te piden farlopa.
- Ya sé
hermano, por eso siempre vas tan bien equipado.
- Y luego
a última hora te vienen los 'grandes consumidores', casi con la cheringa clavada
a la vena.
- Clientes
distintos, métodos distintos, dijo su primo.
¡Brrrooom! De
fondo de esta conversación (y de muchas otras) un estruendo proveniente de la
vecina rambla, un golf rojo entró en la plaza haciendo un trompo.
- ¡Paisa,
paisa, son Jack y Harris, corre brother corre! gritó Hakim mientras cerraba el
chiringuito que tenía montado con polos Lacoste falsos como tapadera.
- ¿Qué?
¿quien? preguntó Abdallah, que era un nuevo inmigrante ilegal y no sabía de que
iba la historia.
Hakim
recogió rápidamente todo lo que pudo y se puso a correr en dirección contraria
al golf.
Jack y Harris
salieron a toda prisa del coche e iniciaron la persecución.
- ¡Ven
aquí moromierda! gritó Harris.
- ¡No te
escapes!, dijo Jack.
Hakim
consiguió escaparse, pero no así su primo Abdallah, que resultó placado al más
puro estilo fútbol americano por Harris cuando empezaba a correr.
Jack sacó la
pistola, se la metió en la boca a Abdallah , cargó el percutor, miró al marroquí
con cara de loco y dijo:'
- Te
presento al señor 44, trátale con el debido respeto, que se cabrea facilmente y
es muy 'explosivo' en sus reacciones.
La morena
faz del marroquí se volvió momentáneamente blanca, un olor fuerte, penetrante,
inundó la escena.
- Vaya, el
moro este se ha meado encima, dijo Harris.
- ¡Hakim!,
gritó Harris en dirección al que se escapaba, ¡mira para aquí!
- El
atleta se volvió, y vió a su primo de rodillas, llorando y con una pistola en la
boca. Decidió que la família era lo primero, así que se dirigió hacia los
dos
agentes, sin soltar su mercancía.
- ¡No le
hagais nada a mi primo!, dijo Hakim gritando desde lejos.
- Ejo ejo,
no m'hagaij nada, replicó Abdallah.
- Mmm y
encima es su primo, este moro llorón marica de mierda, dijo Jack.
- ¿Para
qué correr y cansarse si podemos tener 2 pájaros de un tiro?, preguntó Harris.
El
marroquí llegó a la altura de los 2 agentes.
Harris
sacó el bate de béisbol y pegó a Hakim en las rodillas. Un contundente ¡crack!
resonó por toda la plaza, seguido de un ¡ay! en acento sureño y un ¡plof! de
desplomarse un cuerpo al suelo.
- ¡Que
haces! dijo Jack.
- Le parto
las piernas, para que no le entren ganas de escaparse corriendo, replicó Harris.
- Bien
pensado, dijo Jack. Ambos agentes rieron exageradamente al unísono.
- Venga,
morenito, ayuda a tu primo a entrar en el coche, dijo Jack mientras quitaba la
pistola de la boca de Abdallah.
Harris
esposó a Hakim mientras éste era ayudado a entrar al coche por su primo.
Había poca
gente en la plaza a la 1 del mediodía, pero los pocos que estaban se habían
puesto alrededor del tumulto.
Jack se
dió cuenta, se puso a mirar a la gente, pistola en mano y dijo:
-
¡Policía, venga, disuélvanse, si no, llamaremos a los antidisturbios y
empezaremos a repartir hostias!.
- ¡Aquí no
hay mas que ver y ustedes no han visto nada! gritó Harris desde el coche.
. Bueno,
bueno, aquí tenemos a Hakim y a su primo... ¿que os vamos a hacer?... dijo Jack
al entrar al coche.
-
Necesitamos estar tranquilos, dijo Harris.
- Bien,
vamos donde no nos puedan molestar... dijo Jack y pisó el acelerador a fondo.
Ramblas
abajo, el golf se dirigió a toda velocidad a la ronda.
La señal
de '80 km/h' saltó por los aires por la velocidad del golf... alguien debería
haberle puesto un '1' delante.
Hakim, con
los ojos llorosos y tocándose continuamente las rodillas, preguntó:
- ¿No
vamos un poco rápidos?
- Haw haw
haw haw, las dos risas de los agentes se entrecruzaron en el aire mientras el
golf se dirigía a toda velocidad ronda arriba.
El
procedimento siempre era el mismo, Jack se acercaba a toda velocidad al vehículo
que quería adelantar, se situaba al rebufo y luego cambiaba de carril sin poner
intermitentes ni nada, realizaba el adelantamiento, daba igual si era por la
derecha, por la izquierda, con arcen o sin, y se volvía a situar a escasos
centímetros por delante del vehículo adelantado, con el consiguiente frenazo del
mismo.
La faz de
los marroquís empezaba a adquirir un tono cerúleo, no estaban acostumbrados a
tales maniobras.
Llegaron a
la altura del Tibidabo y salieron de la ronda.
- Bien,
esto ha sido sólo el calentamiento, ahora es cuando nos divertimos, dijo Jack.
Hakim y
Abdallah se miraron y hecharon sus cabezas atrás, con los ojos desorbitados y un
sudor frío recorriendo sus sienes.
El golf se
encaminó a toda velocidad por la Carretera de la Rabassada.
Una curva a la
derecha, una curva a la izquierda, las dos sobrepasadas muy por encima del
límite establecido, las ruedas chirriando, la gravilla suelta y el
coche
recortando curva por donde no había nada por recortar. Una cantinela se empezó a
oir desde los asientos de atrás.
Era
Abdallah, que, con las manos ofrecía una plegaria a Alá.
- ¡Cállate
moromierda!, gritó Harris mientras le pegaba un puñetazo en la cara. El marroquí
quedó tendido inconsciente sobre su primo, que, con la cara cada vez más blanca
empezó a decir que no se encontraba bien.
Un autocar
de turistas subía hacia el parque de atracciones cuando el golf se situó por
detrás. Después de frenar exageradamente, Jack hizo sacar el morro al coche, una
curva sin visibilidad, bueno, qué cojones, Jack bajó la marcha, pisó a fondo y
adelantó al autocar.
Un camión
pasaba en ese momento por ahí, por su carril. Una gota de sudor bajó por las
sienes de ambos agentes. Jack pegó el golf todo lo que pudo al autocar, el
camionero pitó desesperadamente y movió el camión hacia el otro lado, comiéndose
50 metros de valla, que cayó montaña abajo. Por los pelos el coche pasó.
- Todo
controlado, dijo Jack mientras respiraba aliviado.
- No me
encuentro bieeeen, resopló Hakim. Vomitó sobre la cabeza de su primo, que se
despertó de repente.
- ¡La
hostia puta, vas a limpiarme la tapicería con la lengua, cacho mierda! dijo
Jack.
Dejaron la
carretera y se internaron por el bosque, hacia un pequeño cuartucho de madera en
medio de la maleza.
Jack sacó por
el cuello a Hakim del coche y le dió un rodillazo en el estómago, Hakim siguió
vomitando.
- ¡¡Cacho
mierda, aquí puedes vomitar a gusto!! dijo, y le pegó otro rodillazo.
Entraron en el
cobertizo y Harris ató con celofán gris a Hakim a una silla, mientras que Jack
metía el calcetín sudado en la boca de su primo,
la tabapa
con celofán y le tendía en la cama, atado.
Dentro del
cobertizo, dominaba un poster de Arnold Schwartzenegger de la película 'Commando'
y escrito en rotulador rojo se leía la leyenda 'Yo Desayuno Boinas Verdes'
Jack y
Harris se deshicieron de sus gabardinas, Jack colocó su 44 sobre la mesa y
Harris empuñó su bate de béisbol de aluminio.
- Vamos a
ver tostao, ayer le vendiste la coca al chaval que murió, ¿no? dijo Harris
mientras se encendía un pito.
- No, no,
paisa, yo no hise nada, replicó Hakim.
- No seas
mentiroso, que a los mentirosos les crece la nariz, dijo Jack, que le pegó un
puñetazo en la misma.
El chorro
de sangre de la mariz manchó el suelo de madera.
El
marroquí tosió mientras miraba al suelo y la sangre corría desde su nariz.
- Te lo
voy a preguntar otra vez, tú le diste la coca ¿no?, dijo Harris
- Zii, se
la vendí yo, 10 gramoz de la super-extra-larga-duracell, dijo entre tosidos
Hakim.
- ¡Y una
mierda!, le enchufaste yeso y bicarbonato, ¡estafador!, gritó Jack.
- Noo, por
favorr, nooo yo no hise esoo, imploraba Hakim
Jack puso
la mano del marroquí sobre la mesa mientras Harris le pegó en la misma con el
bate.
-
Mmmmpfff, sonó por allá atrás, sobre la cama.
- Mira,
Jack, el primito nos quiere decir algo, a ver qué quiere... dijo Harris
señalando a Abdallah.
Hakim
vomitó sobre su propia sangre por el batazo que le pegó Harris en el estómago
cuando se dirigía hacia Abdallah.
Jack
arrancó el esparadrapo de la boca de Abdallah, recortándole la perilla varios
centímetros.
- Fué una
entrega especial, dijo Abdallah mientras se retorcía de dolor.
- ¿Cómo
que 'una entrega especial'? dijo Harris dirigiéndose a Hakim.
- Zi, mi
diztribuidor me la dió especialmente para él, dijo Hakim entre vómitos y
tosidos.
- Nozotroz
no sabíamoz que era mala, dijo Abdallah.
- ¡Calla
coño! deja que hable tu primito!, dijo Jack mientras pegaba otro puñetazo que
dejaba KO a Abdallah.
- No le
hagaiz nada a mi primo, dijo Hakim.
- A tomar
por culo, replicó Harris mientras le pegaba con el bate en la espalda a Hakim.
- Mi
diztribuidor zólo dijo ezo, dijo Hakim llorando.
- ¡Quien
es tu contacto, cacho mierda! gritó Jack.
- Ez un
payaso del circo pimpometti, se llama freddo, imploró Hakim.
- Bien,
bien, parece que todo encaja, ¿ves que rápido pasa el tiempo cuando te lo pasas
bien?
Jack pegó
con la culata de su pistola sobre las vértebras del marroquí, ambos se
despertarían la mañana siguiente tirados por el bosque de la Sierra de
Collserola, próxima a la ciudad.
Volvían a la
comisaría, esta vez con algo más de información, no importaba si el moro les
había mentido, volverían a encontrarle, y esta vez se acordaría de ellos.
- Un
payaso del circo pimpometti interesado en matar a un actor porno yonki, dijo
Harris.
- Sería el
novio de la rubia de enormes tetas esa de la revista... repuso Jack.
- A saber,
hay mucho loco por el mundo, concluyó Harris mientras abrillantaba el bate de
béisbol.
De vuelta a la
comisaría, se presentaron en el despacho del comisario.
Abrieron
la puerta del despacho de repente, sin llamar, como era costumbre en ellos. El
comisario se sobresaltó.
- Hola,
venimos a por la revista, para llevarla a dactilares, dijo Jack.
- Aquí
tienen, dijo el comisario.
- ¿No está
más acartonada que antes comisario? preguntó Harris al cogerla.
- No, no,
eh,.. ha estado guardada todo el rato en el cajón, dijo el comisario algo
dubitativo.
- ¿Y esa
mancha blanca en el pantalón? preguntó Jack.
- Ehhh...
nada, nada, se me ha caido la leche de la maldita máquina de café, respondió el
comisario, muchachos, ¿no teneis trabajo?
- Sí, ya
nos vamos, ya nos vamos, dijeron al unísono los agentes.
Antes de
visitar el circo pimpometti, decidieron ir a ver el apartamento del yonko, por
si acaso.
Llegaron a
la dirección indicada por el DNI del sujeto, extrañamente, encontraron la puerta
abierta.
- Cuidadín,
dijo Jack al abrir la puerta.
Los dos
agentes desenfundaron el 44 y el 357 respectivamente y abrieron la puerta sin
hacer ruido.
En plan
peliculero, entraron dando tumbos en la sala, nada.
No se
movía ni un pelo de mosca en el apartamento, todo en silencio.
En la salita
de estar, sobre la tele, toda una colección de pokémons en miniatura. Harris los
vió, se acercó a ellos y dijo:
- Oohhh
que monoooo todos los pokémons juntitos y reunidooos.
- Es
imposible que con el sueldo de actor se pueda pagar esos pokémons, fíjate, dijo
Jack.
- Ostia,
es cierto, son los numerados, la colección privada, ¿cómo han llegado aquí?
- Fijate
en esto, el editor de la revista porno... Pimpom Editions Ltd. dijo Jack.
- ¿Si?
Preguntó Harris.
- ¡Todo el
mundo sabe que el circo pimpometti y pimpom editions pertenecen a la misma
persona!, dijo Jack.
- ¿Ah si?
- Bueno,
casi todo el mundo lo sabe.... la cuestión es que... el payaso y el actor yonki
trabajaban para la misma persona... escucha!. Jack se puso en guardia con su
arma preparada.
Un ruido
procedente del váter, una especie de silbido.
Ambos
agentes se acercaron cautelosamente a la puerta del baño, armas en mano.
Una olor
penetrante les envolvió, alguien estaba silbando dentro, y cada cierto tiempo se
oían resoplidos y hojas como de algún periódico.
Abrireron
la puerta de una patada y apuntaron...
- ¡Alto!
¡Policía!
Encontraron un tío trajeado de Armani cagando, silbando mientras leía el
periódico. El hombre ni se inmutó por que le estuvieran apuntando con un
arma
(bueno, con dos armas).
Lentamente, el hombre llevó la mano al bolsillo de la americana, cogió su
cartera mientras los dos agentes seguían sus movimientos con las armas, les
enseñó la placa.
- C.I.A.
estoy aquí en misión oficial, enseguida acabo, POR FAVOR.
Los dos
agentes se miraron extrañados, dejaron de apuntar al sujeto y cerraron la puerta
del lavabo.
Continuará...
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