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La peich estroboskópica de los grandes maestros de la escuela postnuclear del Totalismo Atómico, y sus más aventajados discípulos. Te ofrecemos la puerta de salvación ante el Vegetativismo imperante: ¡ Impregnate de la sabiduria que rezuma este sítio !
Orino City, 27 de las Kalendas de Marzo del año 1054 d.d.Z. (después de Zordon)
Mi nombre es Vico, Jose Angel Vico. Algunos me conocen como hermano Vico, para unos pocos soy el agente XV54, pero la mayor parte de la gente me
conoce como Espinete. Hoy
Wilson me ha destinado a una misión encubierta de máxima prioridad. Únicamente me ha facilitado dos cosas:
El nombre de mi contacto en el casino de La Empopada, un tal Marajá de Kapurtala, y una cámara de fotos de
plástico rosa a juego conmigo, por eso del camuflaje. Me ha recalcado que no encienda ni utilice la cámara hasta
que todos miren hacia el sol, y no seré yo quien le contradiga. Sospecho que un segundo lacayo me vigila, y no
tengo ningunas ganas de que Wilson me envíe al correccional del Dr. Cortinetty.
Espero llegar a tiempo al aeropuerto, hay un poco de tráfico. Dicen por la radio del taxi que un Golf GTI rojo ha
causado un grave problema de circulación. Espero que no sean ellos… Aprovecho esta espera para empezar escribir una
bitácora de esta misión. Con un poco de suerte aun llegaré al check-in del vuelo de Payne Stewart Airlines.
Algún lugar al sur de la Empopada, 29 de las Kalendas de Marzo del año 1054 d.d.Z. (después de Zordon)
Superar el control de acceso al casino de la Empopada me ha resultado complicado. Incluso más que ayer, cuando
tuve problemas con los del aeropuerto que no querían dejarme embarcar con las púas por considerarlas objetos cortantes.
¡Y eso que me había peinado a rizos, a lo Bisbal!.
El pasaporte falso no ha colado, no sabía que las panteras eran felinos y no rumiantes. Las ubres postizas
del disfraz (por eso de la leche de pantera) me han delatado. Al final he tenido que entrar camuflado de
erizo de mar entre las cajas de marisco que iban a servir esa noche… pero un pinche de cocina me ha descubierto
y no he tenido más remedio que moquearle a él, y accidentalmente parte de la carga.
Mientras una extranjera chillaba al descubrir que la sustancia gelatinosa de dentro de las ostras de la cena
no era precisamente marisco, ha empezado el espectáculo del Marajá. Se ha pasado una hora haciendo trucos de magia
infumables, recitando chistes sin sentido, explicándonos sus viajes al futuro y narrando como un loco sus
batallitas de aviones. Finalmente, me ha elegido “al azar” como voluntario para su truco de “La desaparición”.
Me ha hecho beber un vaso de leche, y me ha sentado en un avión de cartón-piedra. No se si esa leche llevaba algo,
o si los tres Gin Tonics que me había tomado se me mezclaron mal, pero el caso es que efectivamente todos desaparecieron para mí.
Cuando me desperté me hallé en una avioneta biplaza, con el Marajá como piloto. Se sorprendió al verme despierto,
asegurando que con esa misma dosis su amigo Mikel Antxon dormía todo el trayecto. Desde entonces no me ha explicado
nada sustancial, ni a donde vamos, ni que haremos. Mirando los instrumentos de a bordo veo que nos dirigimos
hacia el sur. Redacto estas líneas mientras el Marajá sigue con sus historias histriónicas. La verdad, está empezando a cargarme.
Algún lugar al sur de la Empopada, 30 de las Kalendas de Marzo del año 1054 d.d.Z. (después de Zordon)
El aterrizaje en este aeropuerto abandonado en medio de la selva ha sido como montar una vaquilla en un programa
veraniego de Ramón García. El propio Majara de Kapurtala
(en realidad su título es Majara no Marajá) ha ido
alternando la personalidad de Ramón García y de Ana Obregón, a la que afirma conocer personalmente, a cada
turbulencia, bote, caída, bache y rebote.
Mientras hacemos un paro en la larga caminata que nos llevará a reunirnos con el resto del equipo (en palabras del Majara)
oteo el horizonte y escribo estas líneas. Vastos campos de termal, hierbabuena, y culimerda se extienden a nuestro
alrededor. Me pregunto cual será el interés de Wilson en estas tierras.
Provincia del Orinol, 3 de David Treueba del año 1054 d.d.Z. (después de Zordon)
Llevamos caminado tres días enteros, y la única señal de civilización que hemos hallado ha sido un viejo
cartel que nos da la bienvenido a Orinol. Curiosamente alguien había dibujado cuatro grotescas figuras
humaniformes sobre el cartel. Cada tarde nos llueve intensamente durante un par de horas, y a pesar de pasar
algo de frío, esto ha propiciado que nos alimentemos mejor. Parece que en esta región los armeros y los
guliardos saltan de los ríos y charcas y se arrastran por el suelo Don-Pimpom-sabe-como para dirigirse a
Don-Pimpom-sabe-donde. El Majara y yo hemos capturado algunas piezas con las que hemos improvisado un sushi sin arroz ni soja.
El Majara sigue sin soltar prenda de nuestro objetivo, por muy intenso o sutil que sea mi enfoque psicológico.
No quiero pasar a la fuerza porque él parece ser el único que sabe como salir de aquí, y no quiero exponerme
a perder mi único “mapa”. Ojalá esté en lo cierto y no sea un simple loco esquizofrénico que me arrastra a
las entrañas del Orinoco Salvaje. De todas formas, no quiero escucharle todo el tiempo (¡Pondría a prueba mi salud
mental!) por lo que me he fabricado unos tapones para los oídos con unos moquillos secos.
Provincia del Orinol, 8 de David Treueba del año 1054 d.d.Z. (después de Zordon)
Hoy el Majara ha decidido que es la reencarnación de Gandhi, Budah, Jesucristo, y la Madre Teresa
de Calcuta en la misma persona. Se ha sentado en una piedra cercana a un arroyo, y lleva horas
meditando sin moverse de ahí. Empiezo a cansarme de todo esto.
Provincia del Orinol, 15 de David Treueba del año 1054 d.d.Z. (después de Zordon)
Llevamos una semana en el mismo puñetero sitio. El puto loco ni me contesta. Casí prefería cuando
hablaba. Me pregunto si se alimenta haciendo la fotosíntesis, o bien si tiene algo enchufado por vía
intravenosa a través de la piedra. Yo paso los días pescando armeros con mis propias manos. He descubierto
que si los ensarto en mis púas y aprovecho la potente radiación solar del mediodía para tumbarme, no
sólo consigo un buen bronceado de mi espalda, si no que además como pescado caliente.
Provincia del Orinol, 18 de David Treueba del año 1054 d.d.Z. (después de Zordon)
Hoy he visto un guacamayo.
Provincia del Orinol, 19 de David Treueba del año 1054 d.d.Z. (después de Zordon)
Provincia del Orinol, 20 de David Treueba del año 1054 d.d.Z. (después de Zordon)
Hoy he pescado un retenga. He necesitado ocho de mis púas para ensartarlo, pero me he caído de
espaldas porqué su órgano sexual pesaba demasiado. Me ha costado un par de horas conseguir ponerme en pié.
Provincia del Orinol, 21 de David Treueba del año 1054 d.d.Z. (después de Zordon)
Hoy he visto un guaraní vestido de Elvis, montando un epotálamo a cuatro patas (el guaraní, no el epotálamo)
que cantaba “Mola mazo” (el epotálamo, no el guaraní). He intentado solicitarle ayuda, pero él me ha pedido
que le hiciera los coros de “Anduriña”. He accedido, pero en lugar de ayudarme me ha dicho que llegaba tarde a
su cita con el Sr. Defectuoso, y se ha largado.
Provincia del Orinol, 22 de David Treueba del año 1054 d.d.Z. (después de Zordon)
Hoy he visto una turista japonesa perdida que estaba muy buena. Dice que su autocar fue atacado por
Yellow Skull y que ella se refugió en la selva, que lleva días vagando por ahí. Eso explicaría porqué viste
escasos jirones de ropa. Me ha contado más cosas pero yo me he dedicado a mirarle el escote, total, es una alucinación.
Provincia del Orinol, 23 de David Treueba del año 1054 d.d.Z. (después de Zordon)
Hoy la japonesa seguía aquí. La chica dice que se llama Kixx. Me alegro que éste sea un delirio permanente,
aunque supongo que es un claro indicativo que mi mente está perdida.
Provincia del Orinol, 24 de David Treueba del año 1054 d.d.Z. (después de Zordon)
¡No era una alucinación! ¡Ni lo de la japonesa ni lo del guaraní! Hoy no sólo he recuperado la cordura. También
he recuperado al Majara: Kixx ha conseguido sacarle de su trance, aunque no me explico como.
El loco, que ahora habla de si mismo tanto en tercera persona del singular como en primera del plural, nos ha
dirigido a través de un enorme pastizal donde miles de grullas orinoquesas realizaban sus ritos de cortejo, hasta
una entrada a una caverna. Ahora apenas ha dicho nada en todo el camino, sólo ha sonreído como un tonto, y ha
comentado que el resto del equipo estará muy contento de conocernos. Al otro lado de la caverna se abre ante
nosotros un valle de pastos verdes y un cielo muy azul.
En este extraño valle las flores se giran para vernos pasar, y ondean los pétalos como saludándonos. Aunque
yo por lo único que me giro es para ver a mi florecita Kixx, y ella entonces también ondea sus pétalos en respuesta.
La manera en como ella me mira a los ojos, y la manera en como yo la miro a cualquier parte menos a los ojos me
resulta… turbadora de entrada, y más turbadora después.
El loco afirma que mañana llegaremos a la base del equipo.
En algún lugar remoto, no se exactamente cuando
He sido engañado, pero uno no sé exactamente por quien. Tengo muchos enemigos en el mundo. Llevo meses
encerrado en esta celda. Sólo recientemente he recuperado mis pertenencias, entre las que se encuentra éste, mi
diario, lo único que me aferra a darle cierto sentido a todo esto.
Cuando paramos a hacer noche en aquel valle me pareció ver al loco hablando con una de las flores. Pronto
descubrí que no era una flor si no un periscopio con ojos, pero decidí no hacer nada. Ese fue mi error. Al
alba nos vimos rodeados por cuatro seres horrendos, de faz simiesca y cuerpo de pera (no peras como las de
Kixx, si no peras como las de las fruterías), enfundados en trajes chillones, cada uno de un color de los botones
X-Y-A-B de los viejos mandos de la Super Nintendo, el cerebro de la bestia. Nos miraban amenazadoramente.
El loco se adelantó a hablar con ellos. “Os traigo a Alexander Rodin, ahora dadme lo que acordamos”. Los
seres se miraron entre ellos, emitieron unos ruidos infantiloides, y el más alto de ellos, que llevaba
un bolso, le dijo al Majara: “¡Y•uda•mie•da!”. El Majara se lanzó ferozmente contra él gritando “Teletubbie
hijo de la gran pu…”, pero antes que terminara la frase un rayo surgió de la antena de ese ser y el loco
se calcinó y se convirtió en polvo.
Se giraron hacía mí y parece ser que me evaluaron como poco peligroso. Después se giraron hacia Kixx. El bajito de
rojo la señaló, y dijo “Po”. El amarillo también la señaló y dijo “Lala”. Los otros dos, “Dipsy” y “Twinky-Winky”
hicieron lo mismo. Kixx tiritaba a mi lado, escondiéndose como podía entre mis púas, suplicándome que hiciera algo.
Aquellos Teletubbies empezaron a discutir entre ellos, señalado a Kixx y después repitiendo su nombre. Dejaron de prestarnos atención.
Aproveché su distracción para rascarme la nariz, y dejar gorgotear mis bien entrenadas glándulas mucosas. Lancé
mi super-red-mucolítica con intención de atrapar a los cuatro Teletubbies (anteriormente había conseguido atrapar
todo un equipo de fútbol), pero los cuatro interrumpieron su disputa y me lanzaron un rayo que me dejó en el suelo
retorciéndome de dolor, como mis peores días bajo el puente de Bac de Roda. Por suerte habían decidido lanzarme su descarga no-mortífera.
Pero sabía que no tendría una segunda oportunidad. Los cuatro se acercaban, y decidí recurrir a lo único que
tenía: La cámara que me dio Wilson. Seguro que era un arma. Me disponía hacerles una foto cuando Kixx me
tapó el objetivo. “No debes usar esto ahora”, dijo. Me miró a los ojos (y yo por una vez la miré a los ojos, aunque
me costó horrores no mirar más abajo) y se despidió de mí “Confía en mí, no es el momento aún.”. Y me dio un beso.
Kixx se levantó y habló en el mismo idioma que los Teletubbies. Se señaló a si misma y después a cada
uno de los cuatro, después me señaló a mi y hizo un signo como para que me dejaran tranquilo. Tinky-Winky, Lala,
Dipsy y Po pensaron un momento y finalmente asintieron al unísono.
Una aspiradora con ojos saltones apareció de la nada y me arrastró por los pies al interior de un barracón
esférico en el que llevo encerrado desde entonces. Allí aspiró todas mis pertenencias y hasta el último gramo
de mis mocos. En mi última visión de Kixx, mientras se cerraba la puerta, los cuatro Teletubbies la manoseaban y
la relamían por todas partes con sus lenguas de felpudo. Extrañamente Kixx parecía sonreir.
¿Qué sentido tenía aquello? ¿Había sido engañado para ser entregado a esos seres? ¿Y por qué el Majara de
Kapurtala había dicho que yo era Alexander Rodin? ¿Le habían engañado a él diciéndole que yo era Alexander,
o bien me habían engañado a mí para que acudiera en lugar de Alexander? ¿Y que quería a cambio el Majara? ¿Y
como es que Kixx hablaba el idioma de los Teletubbies?
No se cuanto tiempo ha transcurrido desde ese día, y mi cabeza no para de dar vueltas a todo esto. Me mantienen
vivo a base de tubbienatillas, que las entrega a diario la aspiradora. Por suerte no veo guaranís
ni epotálamos. Por desgracia cada día oigo los gritos de Kixx (y también los de sus captores, no lo entiendo). Creo
que la torturan a diario para sonsacarle información y la pobre está perdiendo la cabeza. Tanto gime, solloza como
que grita “¡Más, más!”, “Oh my god”, “Los cuatro a la vez,” “Por aquí, por aquí” y cosas similares. Es admirable
la resistencia estoica de esta chica.
Hoy la aspiradora me ha traído mi diario y un lápiz, por lo que he podido escribir estas líneas. La primera
página tenía un mensaje de Kixx: “Esto es todo lo que puedo hacer por ti ahora”. Tengo toda la esperanza puesta en este “Ahora”.
Orino City, 14 de las Sitilemons de Nujio del año 1056 d.d.Z. (después de Zordon)
Me dirijo a casa. Mientras busco a Wilson, y revivo los últimos hechos anotándolos en éste, mi diario, y
cada vez el de más gente. Tengo muchas cosas que preguntarle.
Finalmente “ahora” se tradujo en “espera varios meses más”. En uno de tantas noches la puerta se abrió. Por
ella apareció Kixx, que en ese momento se me antojó como una Diosa griega, a pesar de estar cubierta de
tubbienatillas de pies a cabeza. “Rápido”, dijo ella, “ahora o nunca”. Quise llorar pero no podía (la
aspiradora limpiaba todos mis conductos lacrimo-nasales a diario), quise hablar pero no recordaba como
se hacía, y quise mirarla a los ojos, pero como siempre no pude.
Me condujo a una pequeña colina desde la que se divisaba los cuatro Teletubbies durmiendo en el centro de
una pequeña depresión del terreno. Pronto amanecería. “No tengo tiempo para explicaciones, pronto lo entenderás. Toma
la cámara. Tengo que volver ya. Me ha costado mucho dejar agotados y KO a los cuatro a la vez durante estos cinco
minutos.”. Kixx empezó a alejarse colina abajo, sólo pude farfullar “Gracias por sacrificarte así por mí”. Respondió
“Ah, tranquilo, lo hubiera hecho igualmente. Me gusta mi trabajo”.
Cuando Kixx llegó al centro, los Teletubbies despertaban, y una voz surgió de un megáfono. “Saludad al líder”. De
repente un Sol enorme con cara de bebé, surgió de detrás de la colina, y los Teletubbies (Kixx también, sospecho
que por guardar las apariencias) dieron la bienvenida al sol con un reverente saludo. Me fijé en el son… Esa cara…
esa cara… ¡No podía ser! ¡Era imposible! ¡Era el mismísimo líder del Front of Totalism Freedom! ¡Era SAMUEL HOBO en forma de astro-bebé!
Entonces lo ví claro. Se creía que esta rama del totalismo había desaparecido hacía siglos, se creía que Samuel Hobo había muerto
a manos del general MacMurray. Pero de alguna manera Samuel Hobo, líder espiritual del FTF, adalid del anti-troncho, y máximo adversario del advenedizo
Papa de China, había sobrevivido en una esfera en forma de Sol (como en el final de 2001 Una Odisea en el Espacio), y había creado su reino de
Teletubbies en remotos parajes del Orinoco Salvaje. Todos miraban hacia el Sol.
¡Claro! Era el momento de la cámara. La abrí y no me pareció más que cualquier otra vulgar cámara de juguete en la
que se ven las misma diapositivas gastadas (de hecho es lo que se veía). Enfoqué al Sol, sin dudarlo. Hice *click*.
Un misil Tomahawk apareció de la nada, realizando un movimiento envolvente directo al enemigo, estrellándose
contra Samuel Hobo, el Sol-Bebé lider de los Teletubbies.
Se desató el caos. Los Teletubbies gritaban despavoridos “Ay-ay-ay” cual robot de los misteriosos Popper Rangers (tan misteriosos que ni siquiera
salen ni el diccionario POP), las flores por doquier se giraban hacía mí y me lanzaban pétalos punzantes como cuchillas, y Kixx huía al otro
lado del gran incendio que se desataba.
Salí corriendo todo lo que un erizo puede correr. Atravesé el valle, la caverna, el pastizal de las
grullas (por cierto, había una parecida a mi prima Federica), y las plantaciones de termal, hierbabuena, y culimerda
cual Forrest Gump en busca del Teniente Dan. Caí rendido en algún lugar del Orinoco Salvaje profundo.
Me desperté a las afueras de una humilde villa de Indios Huevones, y vi alejarse por el camino a un guaraní
montando en un epotálamo. Al parecer él me había llevado hasta allí. Volví a la civilización en los días siguientes.
Muchos pensamientos orbitan en mi mente. Pero uno de ellos me obsesiona: ¿Quién es Kixx? Y ahora que caigo…
¿Acaso no era ella la turista comiendo ostras en el Casino de la Empopada?