| |
Atraco en Fórnoles
Capítulo 2
Me despierto en una habitación
oscura, dolor de cabeza y un enorme chichón en la cocorota. Un ténue rayo de luz
intenta iluminar la estancia, pero solo consigue transmitir sombras. Estoy semi-aturdido
y noto frío... "Mierda, me han robado la chupa", pienso.
- Wray, ¿estás bien? - pregunta una voz que me resulta familiar.
- Bufff, dolorr de cabeza - respondo.
Se me aclara la vista y veo a todos los miembros de la penyapork, enfundados en
sus disfraces de mama chicho. Eku intenta dormir mientras que Sergio parece
estar ensimismado mirando a la pared. La estancia es una habitación cuadrada, de
unos 7x7 metros, abovedada, con una abertura de unos 10x5cm en una de las
paredes, por dicha abertura entra la luz. Una puerta metálica en el centro de
una de las paredes es, supuestamente,
la salida de la celda.
Jok me ayuda a incorporarme mientras le pregunto qué hora es.
- Dirás qué dia es - me responde Jok.
- ¿Cómo? ¿Cuanto tiempo llevamos aquí? - le pregunto.
- Dos días - responde Jok
Me levanto y miro por la abertura, afuera, lo poco que se vé, es una de las
pequeñas calles del pueblo, parece que estemos en algún sótano o fresquera.
- ¿Dónde estamos? - pregunto mientras no paro de mirar por la abertura.
- Estamos en lo carrer de baix, dice el Barrio.
- ¿Que pasó? ¿por qué estamos todos aquí? lo último que recuerdo fué que
manipularon el concurso para votar ellos lo que quisieran y no permitiros ni
participar, recuerdo que me cagué en todos sus muertos y que iba a por ellos....
- La situación estaba del todo controlada por ellos - interrumpe Eku
- El hermano Viko estaba colocado estratégicamente detrás tuyo y te golpeó con
el bastón, te dejó inconsciente, a los demás nos detuvieron y nos llevaron aquí
para impedirnos que participáramos en los disfraces de Rafales - dice Jok.
Vuelvo a mirar por la ventana, a ver si se me ocurre algo...
.. Extractos de los diarios de guerra del Coronel John Matrix ..
20 de Agosto de 2007
El Helicóptero se ha portado bien, ha funcionado perfectamente todo el viaje
desde Estados Unidos hasta aquí, estoy sobrevolando las inmediaciones de La
Portellada, intentando recordar cuál era el mejor camino para llegar al pueblo.
Está amaneciendo.
Estoy en estado de alerta, algo no va bien, pero no sé lo que es.. tengo el
viento a mi favor.. una mezcla de sudor y tequila...
Oh oh, al este, ¡¡puedo olerlo!! ¡¡Salta del helicóptero!!
Un cohete disparado en la distancia, desde el noroeste, explosiona en el
helicóptero, convirtiéndolo en una bola de fuego, afortunadamente, he saltado un
segundo antes, llevándome conmigo mi cuchillo y la m60, amén de unas cuantas
granadas y el explosivo plástico de rigor que llevo siempre.
¿Quién habrá sido el que me ha disparado? Tiene que haber sido alguien muy
bueno... prácticamente el mejor... y ese olor a sudor y tequila...
Recupero los binoculares y el lanzacohetes de los restos del helicóptero, me
subo encima de una peña, cuidando de tener el viento a mi favor, y oteo el
horizonte en dirección Noroeste.
Un tractor con un remolque aparece en una curva de la carretera, es mi
oportunidad para conseguir un vehículo para llegar al pueblo.
Me agazapo tras una roca, -pet -pet -pet -pet, el tractor se acerca con paso
firme. El tractor es de tipo descubierto, un abuelo con boina y una brizna de
hierba en la boca, conduce la máquina, detrás, un remolque lleno de cerdos.
Espero que que se sitúe a mi altura y salto sobre el abuelo, intentando dejarle
inconsciente. El abuelo reacciona instantáneamente, y con el cayado me dá un
golpe en la cabeza, ¡cojones!
Doy
un paso para atrás y trastabillo con el enganche del remolque. Los cerdos se
ponen a chillar como el dia de la matanza.
Vuelvo a incorporarme y antes que me haya puesto de pié, el abuelo, sin dejar de
conducir, me pega un codazo, me desequilibra y caigo al remolque de los cerdos.
Auuurgg! me muerde un cerdo en el brazo, cabrón, voy a hacer contigo panceta! Le
pego un puñetazo al cerdo y lo dejo inconsciente, me incorporo y empiezo a girar
la cabeza y el cuerpo hacia el abuelo, esto ya está durando demasiado.
< Plaff!! > otro bastonazo y caigo al suelo, pero puedo agarrarme a una cadena
que colgaba del remolque, mientras estoy siendo arrastrado por el suelo de la
carretera, pienso "Joder, sí que son duros los abuelos de aquí".
Afortunadamente, el tractor para, oigo al abuelo pasar del tractor al remolque
mientras masculla entre dientes algo como "Amos, tu no m'arrobarás los
gorrinos!", desde arriba, me mira y levanta el bastón, que ahora que lo miro más
parece una cachiporra que otra cosa.
Levanta el bastón con las dos manos, mientras yo lo miro desde abajo,
semicolgando del remolque, con las dos manos cogidas en la cadena y todo el
polvo del mundo sobre mi jeto. Imprime toda la fuerza de que dispone para dar el
golpe, el bastón baja hacia mi cabeza con una fuerza descomunal y...
En el último segundo, logro coger el bastón con un brazo, mientras con el otro
me cojo a la cadena con toda mi fuerza, y tiro hacia abajo.
El abuelete sale despedido 2 metros por detrás mío y se abre la cabeza contra
una señal de punto kilométrico que había por allí. Encima mío, una orgía de
gorrinos gritan sin mesura, atraídos por el olor de la sangre.
Miro por la ventana, se está haciendo de día, tengo frío, no tengo la chupa y no
tengo las pistolas... un momento!! tengo la navaja que me regaló un día mcGyver!!
Esos payeses de pueblo han cometido el error de dejarme un artículo sin
parangón, mucho más útil que una granada de fragmentación (que ya es decir!).
Me acerco a la puerta, saco la navaja, y me dispongo a abrir la cerradura.
- ¿Ya podrás abrir la puerta con eso? - pregunta Dani.
- Claro que podré - respondo - yo nunca fallo - añado.
< Click! > la cerradura se abre, giro el pomo de la puerta para abrir y...
< Crock! > a parte de la cerradura, han puesto una barra de madera por el otro
lado... joder los del pueblo no son tan tontos como parecían...
- Mierda! - grito - Han puesto una madera que bloquea la puerta al otro extremo!
- digo.
- La puerta se abre lo suficiente como para intentar subir la madera que la
bloquea - dice Jok.
- ¿Sí, pero con qué? - pregunto.
- Una vez leí en un cómic que con un poco de tela, un un poco de yeso y agua,
fragua muy rápido y podríamos construir algún tipo de palanca o algo - dice el
Santo.
- ¡Joder santo! siempre diciendo chorradas - dicen todos los demás.
- ¡No! - interrumpo - ¡buena idea!
- ¿Qué? pregunta Eku.
- Si hombre, tenemos la tela de vuestros disfraces, el yeso lo sacamos rascando
las paredes y el aguaaa....
- A mi nadie me ganaba en el concurso de escupitajos! - dice Sergio.
- Un poco guarro pero servirá - dice Jok.
- A ver, organización, organización - digo - nos vamos a dividir en 3 grupos,
Sergio, Barrio y Mariano, vosotros haceis prácticas de escupitajos
- ¡Vale! gritan los 3 al unísono.
- Jok, Eku y Dani, cortais un poco de tela de unos 50cm de largo y 5 de ancho
con mi navaja,
- Mario y Zarzano, vosotros rascais la pared para sacar yeso, podeis usar estos
palos que hay por el suelo.
- ¿Y yo? - pregunta Santo.
- Tú como eres el inspirador de la idea, harás la masa para la palanca.
- ¿Y con qué herramientas?
- ¡Con tus propias manos!
Me levanto del suelo, con la orgía de gritos de los cerdos de fondo, voy a mirar
el estado del abuelo.
Un reguero de sangre recorre la cabeza y parte del suelo y la señal. Está
muerto. Recojo el chaleco, la boina, y, con sumo cuidado, cojo el bastón. Lo
balanceo, está bien equilibrado, parece un arma excelente!
Decido quedármelo por lo que pueda pasar, nunca desprecies el arma de un
enemigo.
Los cerdos se van calmando, pero no
puedo llevármelos al pueblo, demasiada escandalera. Miro fijamente al cerdo que
me mordió.
Sonrío. El cerdo parece que también sonríe y un destello de maldad refleja en
sus ojos momentáneamente. No sé porqué, en aquel momento me acuerdo de Bennet.
Pongo la mano en mi bolsillo y quito el pasador de una de las granadas.
Como un rayo, con una mano cojo la cabeza del cerdo y le obligo a mantener la
boca abierta mientras que con la otra le introduzco la granada en el gaznate.
Salto décimas de segundo antes
de la explosión. El cerdo y todos sus compañeros explotan en una nube de color
rosa y fuego, pringando la calzada, los árboles y hasta un pajarillo que pasaba
por allí.
Ahora ya no grita nadie... ¡qué descanso!. Ya tengo el beicon tostadito, sólo me
faltan las salchichas, los huevos ya los pongo yo.
Desmonto los restos del remolque y los echo barranco abajo. Pongo la m60 en el
morro del tractor, lista para disparar, me subo al mismo, me sacudo el polvo, el
sudor y la sangre de los cerdos, me coloco la boina y el chaleco para pasar más
desapercibido, y me pongo en marcha hacia el pueblo.
-Pet -pet -pet, c-con e-este tr-traquete-teo se me estan subiendo los cojones a
la boina, además vamos más lentos que el caballo del malo, nos acaba de
adelantar una ardilla, no entiendo como pueden utilizar este medio de transporte
tan malo en el lugar.
Llego a las afueras del pueblo, y aparco el tractor detrás de un árbol. Me subo
a una roca, binoculares en mano, a observar la situación de combate.
Continuará...
|
|